Adultos

Ya no sois jóvenes. Ya no es sorpresa, es rutina. Su semen enfriándose sobre tu vientre. Y después la condena de otra mañana de domingo: Menesteres domésticos, comer con la familia y regresar, apagados, en el último autobús de la tarde. Olor a verduras hervidas, un tazón de pipas frente a la jornada deportiva. Te rindes después de tanto esfuerzo y saltas desde la ventana de tu cárcel, donde tan infelices habéis sido.

Ambición

Tres llamadas a lo largo de la mañana interrumpen este informe que no consigo completar. Ayer prometí que hoy, antes del medio día, lo enviaría y todavía sigo aquí, releyendo lo que he escrito y sin que termine de convencerme. Me he levantado dos veces ya, una a ponerme un café y otra al baño; sin tener realmente necesidad, tan sólo por distraerme, por recorrer el pasillo y mirar a los compañeros, perder cinco minutos hablando con alguien y despejar la cabeza. Hoy estoy solo en mi extremo de la oficina, mi compañera y el jefe no han llegado todavía o no van venir, no lo sé. Intento estructurar el texto de otra forma y me parece que eso facilita su comprensión, empiezo a vislumbrar el final de la tarea. Miro la mesa vacía de mi compañera, ¿dónde demonios estará? A las doce y cuarto llega, saluda desde la puerta, cuelga el bolso y se encierra en el aseo. Mi compañera en el aseo, limpiándose el semen que le ha dejado dentro el jefe, que llega apenas siete minutos después, eufórico. Todavía bromea sin disimulo cuando ella vuelve de vaciarse la vagina. Este ejercicio de exhibicionismo me irrita de tal manera que pierdo la concentración y soy incapaz de concluir el informe durante el resto del día. Me llaman para preguntar por él, mi jefe me lanza una mirada de reproche y me disculpo pendiente de los pezones de mi compañera, que tensan la blusa.

Epicentro de radiación

Durante tres meses estuve trabajando en un proyecto común junto con una compañera de la oficina. Nos repartíamos las tareas, aunque ella era la portavoz del equipo y en consecuencia tenía también la labor de supervisión. Todos los días, una o dos veces, nos juntábamos delante de su ordenador o del mío para hacer un examen rápido de los avances. No podía ni calificarse de reunión, tan sólo de puesta en común. Como quiera que sea, cuando nos juntábamos en mi puesto de trabajo, le cedía mi silla para que se sentara y repasase en la pantalla mi trabajo mientras yo permanecía de pie junto a ella. Cuando terminaba y volvía a su sitio, yo me sentaba muy rápido de nuevo para experimentar el desorbitado aumento de temperatura que sus genitales habían transmitido a mi silla. Quiero hacer un llamamiento sobre la poca atención científica que ha recibido la capacidad de la vagina para calefactar: Ser mujer es ir todo el día con una tostadora entre las ingles.

La vida sin espectativas

Masturbarse antes del mediodía supone haber fracasado como ser humano. Significa la pérdida de esperanza total en la posibilidad de un coito. Y ¿qué define a un ser humano, si no la esperanza eternamente frustrada de un coito?

Punto de vista

Si una niña pequeña, jugando con un perro, te dice riendo 'yo también quiero tener rabo', está bien. Si una niña mayor se acerca en una fiesta, te mete la lengua en la oreja y te dice 'yo también quiero tener rabo', está muy bien. Muy bien, pero nunca me ha pasado. Y yo quiero, quiero a esa chica que quiere rabo. Que me dice que lo quiere. Porque si me hace partícipe de ese deseo tal vez, también, me lo hiciera del objeto de su deseo. Y ese es mi deseo, que me participe de ese objeto.

Mitos orientales

Ambición por el máximo frotamiento: La promesa de su angostura planeando sobre tu erección. Nunca antes has probado el conducto vaginal asiático y ansías transitarlo; desbrozar la nueva senda con absoluta conciencia del acto, del tacto, de facto.

El chocho japo.

Instrucciones si tienes prima

En países de los que tenemos mucho que aprender —en este caso México— saben decirlo más bonito. Con toda nuestra admiración por ellos y por sus primas, nuestras primas:

A la prima se le arrima y, si se puede, se le encima.
A la prima se le arrima, hasta que gima.
A la prima se le arrima. Y a la tía, ni se diga.
A la prima se le arrima y a la hermana con más gana.
A la prima se le arrima y al primo se la exprimo.

Atmósfera cero

A algunas mujeres, había decidido el comandante Norton tiempo atrás, no debía serles permitido viajar en las naves espaciales; la ingravidez hacía cosas a sus pechos que resultaban demasiado perturbadoras. Bastante malo era cuando permanecían inmóviles; pero cuando comenzaban a moverse y las vibraciones entraban en resonancia, el resultado era más de lo que podía exigirse que ningún hombre con sangre en las venas soportara. Él estaba seguro de que más de un serio accidente espacial había sido provocado por una total distracción de los tripulantes, después del paso de una mullida oficial por la cabina de control. Cita con Rama. A.C. Clarke.

Cosas de las que no se habla

De esas vaginas monstruosas que se os quedan a las madres después de que el heredero salga reventándolo todo a su paso. Corrígetela, por piedad, no me obligues a enfrentarme a ese amasijo de carne cada noche. Jirones de cuerpo. Me produce terror.

Lo orgánico

Bajar la escalera sin ropa interior, con lo carnal rebotando.

Atajar

Esas mujeres de antaño que, con la consumación del matrimonio en la noche de bodas, perdían la virginidad y concebían a su primogénito simultáneamente.

Deberes

Hola hija, ¿qué tal hoy en clase?
Bien.
¿Qué habéis hecho?
La profesora estaba mala y ha venido un sustituto.
Y qué habéis hecho.
Bueno, ha seguido explicando.
¿Y tienes deberes para mañana?
Una redacción para el jueves.
¿El sustituto va a quedarse hasta el jueves?
Sí, porque la profe está de baja.
¿Qué le ha pasado?
No sé.
Y sobre qué tenéis que escribir.
Historia de mi primera arcada mamando un cipote.